Es imposible que un movimiento de oración crezca sin que las personas desarrollen su propio espíritu.
Personas espirituales desarrollan un movimiento espiritual, lo contrario también es cierto, así que desarrollar nuestros propios espíritus es una actividad que debería enseñarse en las iglesias.
Algunas cosas básicas relacionadas con este tópico serán nuestro objetivo en este apartado.
Una vez que aceptamos al Señor Yashua (Jesús) en nuestro corazón y lo confesamos con nuestra boca, somos renovados en nuestro ser interior (espíritu) y reconectados con el Padre.
Este nuevo espíritu santo en nosotros es el templo de Dios donde tenemos comunión con Él, allí recibimos la instrucción divina.
Pero, todo esto, es una experiencia nueva para el común de las personas, aún teniendo años en una congregación, sobre todo por el énfasis excesivo en lo espectacular, en la pretensión de los ministros de servir de guías permanentes de las personas, cosa a lo cual jamás han sido llamados.
La escritura nos dice en la epístola a los Romanos que los que son hijos de Dios por el Espíritu de Dios son guiados, no por el apóstol, el profeta, el pastor , el ministro o el líder, refiriéndose esto a todos los asuntos de la vida personal, familiar, social y financiera, no a lo congregacional, pues esto si es instancia de los ministros puestos a cargo por el mismo Espíritu, si bien no todos lo son.
Del mismo modo nuestra vida de oración guiada por el Espíritu de Dios es la vida de oración correcta, es decir que debemos pasar de las guías e instrucciones humanas donde sólo repetimos y obedecemos intereses ajenos a la guía del Dios omnisciente que conoce por que cosas y como debemos orar.
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